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El proceso de envejecimiento en nuestra piel

El envejecimiento en las tres capas de la piel

La piel está formada por varias capas que sufren el proceso de envejecimiento de manera desigual, variando tanto su forma como las sustancias que las componen.


La capa epidérmica es la capa más externa de la piel, la que vemos y tocamos. Cumple la función de protegernos frente a bacterias y toxinas externas, de la pérdida de líquidos y de la radiación solar. 

El envejecimiento a este nivel se manifiesta en una reducción de la producción de lípidos y en una renovación celular más lenta, volviéndose la piel más sensible a la luz UV e infecciones cutáneas, luciendo más áspera y con menos brillo.


La capa dérmica es la capa intermedia de nuestra piel y la encargada de nutrirla desde dentro. La dermis contiene las células de colágeno y de elastina, responsables de la estabilidad de nuestra estructura cutánea. 

A partir de los 25 años se observa una reducción progresiva de ambas sustancias y la circulación sanguínea se ralentiza, lo que conlleva una importante pérdida de elasticidad y firmeza, aparición de arrugas e incluso posibles rupturas de vasos capilares.


La hipodermis es la capa más profunda y más espesa de la piel, que permanece unida a la dermis por fibras de elastina y colágeno. 

Los cambios en este nivel se observan principalmente en el tamaño y en el número de adipocitos que contiene. Estas células están especializadas en el almacenamiento y producción de grasas, y constituyen una verdadera barrera protectora, pues actúan regulando la temperatura interna y como sostén frente a posibles impactos y agresiones externas. 

 

Causas del envejecimiento cutáneo

En el proceso de envejecimiento influyen factores biológicos internos y también otros externos que en algunas ocasiones podemos controlar.

Factores Internos

La genética desempeña un papel fundamental en el modo en el que la piel envejece. El tipo de piel debido a la condición biológica y hereditaria, la raza a la que se pertenece es fundamental en el proceso de envejecimiento que sufre cada persona. 

La genética determina por ejemplo:

• El nivel de reparación cutánea y defensa contra los radicales libres

• Actividad de los fibroplastos: el ritmo de destrucción de las fibras colágenas y elásticas.

• La calidad de las fibras de elastina y colágeno

• Grosor y calidad de la piel

• Estructura anatómica

Factores Externos

El estilo de vida actual acelera el proceso de envejecimiento de la piel, lo que provoca que quede desprotegida y expuesta a la acción de los radicales libres. La calidad de la piel disminuye apareciendo sobre ella arrugas, manchas y otros signos de envejecimiento como falta de firmeza.

Los radicales libres son células inestables porque han perdido un electrón, debido a factores como la propia actividad física –la respiración, el ejercicio-, ciertos alimentos, el tabaco, la contaminación y también algunos medicamentos. 

Para garantizar su estabilidad buscan el electrón que les hace falta entre las células vecinas –por ejemplo de las células de colágeno-, originando una reacción en cadena –mayor estrés oxidativo- con importantes repercusiones negativas para la piel.


El sol y la luz solar

La radiación ultravioleta es una de las principales causas de envejecimiento cutáneo debido al estrés oxidativo. El fotoenvejecimiento causa daños importantes sobre la piel, produce una fuerte deshidratación y acelera la formación de las arrugas, manchas y capilares rotos en las zonas expuestas.

Los rayos del sol inducen al cuerpo a producir más melanina de la habitual para defenderse del daño que la radiación ultravioleta provoca sobre la piel, causando arrugas y/o manchas sobre ella.

Un buen cuidado de la piel, a base de protectores solares y tratamientos de cabina y/o médico estéticos adecuados, consigue suavizar y eliminar los signos de envejecimiento facial.


Alimentación poco equilibrada

La falta de hidratación y una alimentación pobre en ciertos nutrientes como frutas y verduras y/o rica en otros como edulcorantes, sal y harinas refinadas influyen en la pérdida de tonicidad y en la aparición de arrugas en el rostro. El excesivo consumo de alcohol y tabaco también son causa de la formación de arrugas.


Ritmo de vida

El cansancio, la falta del sueño y el estrés aceleran el proceso de envejecimiento. Llevar una vida tranquila, sin grandes sobresaltos y dormir un mínimo de ocho horas cada día resulta esencial a la hora de presentar un rostro bello.


La contaminación ambiental

La Piel

La piel es vital para nuestra salud y bienestar. Una piel sana regula correctamente la temperatura corporal, mantiene el nivel de hidratación necesaria y actúa como barrera frente a golpes, bacterias, virus y toxinas del exterior.

Es el órgano más grande de nuestro cuerpo y el más visible, por lo que también supone un condicionante importante sobre la autoestima de la persona. 

La piel, definición

La piel es el órgano más grande de nuestro cuerpo. En general, supone una superficie de entre 1,5-2 mm dependiendo del volumen total de la persona y puede llegar a pesar entre 1,8 y 2,7 kg del peso corporal total. 

Aunque de media tiene un grosor de 0,1 mm, esta medida varía según la zona corporal. El grosor del rostro suele ser del 0,02 mm mientras que en los pies puede llegar a ser de 1 mm a 5 mm. 

Es además un órgano sensorial que refleja todos los sentimientos y emociones que vive una persona y también su estado de salud, pues la piel permanece conectada al sistema nervioso en todo momento. 

Representa la unión entre la parte interna y externa de nuestro cuerpo, por lo que es necesario que sepamos escuchar sus reacciones y que la observemos detenidamente, pues podría revelarnos muchas cosas que nos están pasando internamente y de las que no estamos siendo conscientes.

La piel la forman tres capas, la epidermis, la dermis y la hipodermis, y está recubierta por un manto hidro-lipídico, compuesto por mezcla de sudor y de sebo, que constituye la primera barrera protectora frente a las agresiones externas y le otorga el nivel de hidratación que en ocasiones es deficitario debido a múltiples causas.

La piel cambia y se modifica constantemente, por lo que necesita estar vigilada y atendida con los cuidados más adecuados según el estado que presente en cada momento. 

Funciones de la piel

La piel actúa como una barrera protectora frente a agentes externos. Es el nexo de unión entre nuestro organismo interno y el mundo exterior, por lo que su cuidado se vuelve esencial para conseguir la salud integral de la persona.

Si la piel está dañada existen más posibilidades de que nuestro cuerpo desarrolle ciertas patologías cutáneas, y también otras no relacionadas con la piel como infecciones internas.

La piel tiene varias funciones:


Función protectora: como único elemento de nuestro cuerpo en contacto con el exterior, la piel cumple la función de protegerlo frente a las agresiones y agentes externos. De esta forma la piel nos defiende frente a:

       -Golpes e impactos. Las células adiposas de la capa hipodérmica actúan como amortiguadores frente a choques, protegiendo el tejido muscular y el tejido fibroso que lo rodea.

       -Sustancias químicas de carácter alcalino.

       -Radiación. La piel reacciona al exceso de radiación ultravioleta creando un exceso de melanina.

       -Bacterias, hongos y virus. De filtrarse cualquier cuerpo bacteriano al interior de nuestro organismo, sería el sistema inmunitario el que actuaría para evitar que estos lo dañen.


Reguladora de temperatura. La piel es el termómetro de nuestro cuerpo. La encargada de mantenerlo frío cuando ésta transpira, y de conservar el calor contrayendo el sistema vascular de la dermis.


Control de la sensibilidad. La piel está constituida por múltiples terminaciones nerviosas que hacen que sea sensible a la temperatura, el dolor y al tacto.


Función regeneradora. La piel actúa reparando heridas.


Capacidad nutritiva. Los adipositos presentes en la capa hipodérmica funcionan como unidades de depósito de nutrientes. Cuando estos nutrientes son necesarios se filtran a los vasos sanguíneos para ser transportados hasta la parte del organismo que los demanda. 


Función psicológica. La piel habla de lo que estamos sintiendo y de lo que le ocurre a nuestro cuerpo. Cualquier patología o desajuste que se produzca a nivel interno de nuestro organismo se refleja automáticamente en nuestra piel, adquiriendo esta un tono marchito y apagado. En estadios graves de una enfermedad cutánea o no cutánea, la piel puede desarrollar además otro tipo de sintomatología como hiperpigmentación, irritaciones graves o dermatitis seborreica, entre otros. 

El estado de ánimo también se refleja en nuestra piel. La piel revela nuestras emociones y nuestros sentimientos. El estrés, la falta de descanso, la felicidad tienen repercusión sobre el estado en el que luce nuestro cutis. Al mismo tiempo, la piel también influye sobre el ánimo de una persona. Un rostro cuidado y luminoso nos ayuda a sentirnos bien y consecuentemente a tener una piel más sana, pues estará descansada y libre de estrés.

Estructura de la piel. Las tres capas dérmicas

La epidermis

La epidermis es la capa más visible del tejido cutáneo y constituye la primera barrera de protección del organismo frente a las toxinas y bacterias del exterior. Entre sus funciones principales están también la de defenderse del daño provocado por la radiación solar y la de mantener el nivel óptimo de hidratación en la piel.

La epidermis es la capa que sufre mayor deterioro y envejecimiento por estar precisamente en contacto permanente con el exterior. Sin embargo, también es la que posee mayor capacidad regenerativa. 

La epidermis se renueva cada 21 días mediante un proceso conocido como descamación, durante el cual se eliminan las células muertas y envejecidas produciendo otras nuevas de mayor calidad. 


La dermis

La dermis es la capa intermedia de la piel, la que le proporciona resistencia, flexibilidad y elasticidad. Constituye la mayor masa de las tres capas dérmicas y actúa como soporte de la epidermis superficial. 

Está compuesta de fibroplastos, colágeno y elastina, encargados de sostener y conectar los diferentes tejidos y órganos.

• Los fibroplastos son las células principales de la dermis y las encargadas de sintetizar las células de colágeno, elastina y las glicoproteínas que crean la matriz extracelular.

• El colágeno es una fibra proteica inelástica que proporciona resistencia y flexibilidad a la piel. Las fibras de colágeno son capaces de sintetizar el agua, por lo que contribuyen al equilibrio de líquidos en la piel.

• La elastina es una fibra proteica elástica que tiene la capacidad de estirarse y encogerse, lo que le confiere a los tejidos su flexibilidad y elasticidad.

• La matriz extracelular proporciona cohesión al conjunto de fibras de la dermis. Está formada por agua y proteínas (proteoglicanos), mucopolisacáridos y Glicoaminoglicanos (GAG), entre los que destaca el ácido hialurónico, encargados estos últimos de atraer agua a nivel de dermis. La capa dérmica contiene del 20 al 40% del agua de todo el organismo.

La dermis contiene además numerosos vasos sanguíneos, por lo que resulta fundamental como reguladora de la temperatura corporal y en los procesos de cicatrización. En esta capa también se encuentran las glándulas sudoríparas y los folículos pilosos a los que están unidas las glándulas sebáceas.


La hipodermis

La hipodermis otorga plasticidad a la piel. Representa la reserva energética más importante del organismo gracias a que almacena y libera ácidos grasos. 

Esta capa contiene numerosos vasos sanguíneos y adipocitos, responsables del almacenamiento y de la producción de grasas necesarias para el correcto funcionamiento de cada célula cutánea. 

Los adipocitos son células muy grandes que se distribuyen de manera distinta en la mujer y en el hombre. En las mujeres los adipocitos predominan en la zona de los muslos y en los glúteos, mientras que en los hombres se suelen depositar en la zona abdominal.

La hipodermis permanece unida a la dermis gracias a las fibras de colágeno y elastina. 

Tipos de piel 

Tipología cutánea según la proporción de aceite/agua

La piel se modifica a lo largo de la vida, por lo que en un momento podemos tener la piel grasa y en otro más seca o presentando una mezcla de ambas tipologías.

La piel está formada por dos tipos de glándulas: la sebácea y la sudorípara, encargadas de mantener la grasa y la humedad de la piel.

Piel normal o mixta: hablamos de piel normal cuando la secreción sebácea y sudoral está equilibrada y se encuentra en sus niveles adecuados, por lo que además es una piel protegida y resistente a factores externos. 

La piel se muestra hidratada, brillante y luminosa, con un aspecto fresco y un color y una textura uniforme. Es elástica y de grosor intermedio, ni demasiado fina ni demasiado gruesa.

Piel seca: La sequedad en una piel puede deberse a dos factores, la pérdida de grasa (falta de sebo) o por la pérdida de agua. En ambos casos estamos ante pieles sensibles, que tienden a sufrir irritaciones y que reaccionan mal a los cambios climatológicos bruscos. 

La piel seca alípica es aquella que presenta una secreción sebácea deficiente.

La piel seca deshidratada es aquella que tiene déficit de agua debido a factores internos como la edad, y también externos como la climatología, aire y viento principalmente. 

La piel seca se muestra acartonada, compacta, con falta de elasticidad y de suavidad al tacto. Es una piel fina en la que a menudo suelen aparecer pequeños vasos capilares y líneas de expresión. Este tipo de pieles tienen también tendencia a la descamación y a la aparición de eczemas en zonas localizadas. 

Piel grasa: Una piel grasa presenta una abundante secreción sebácea, acompañada en ocasiones por un exceso de agua que provoca la glándula sudoral. 

Son pieles que acumulan mucha suciedad, por lo que con frecuencia el poro se obstruye y aparecen puntos negros y granos con tendencia a infectarse. La piel grasa se caracteriza por el brillo y el aspecto oleoso que adquiere, y no suele presentar rojeces ni descamaciones. Al tacto se muestra gruesa (hiperqueratosis difusa).

Esta tipología cutánea suele ser frecuente en personas de entre 15 y 30 años de edad, tanto en hombres como en mujeres.

Piel grasa deshidratada. Aunque parezca contradictorio una piel grasa puede sufrir un déficit importante de agua y mostrarse deshidratada, debido a la pérdida de líquido de la glándula sudoral. 

Así, una piel grasa deshidratada tiene una secreción sebácea abundante con pérdida de agua, por lo que se descama y se irrita con facilidad. Es una piel con poco poder defensivo a la que le afectan los cambios climáticos. Su aspecto es brillante y al tacto se muestra áspera.

Piel asfíctica: una piel asfíctica sufre de un hiperfuncionamiento de las glándulas sudoríparas, y un aumento de la secreción sebácea que queda retenida, de ahí que presente tendencia acneica. 

Hablamos de una piel asfixiada, de aspecto pálido, mate y marchito, con poros perceptibles y formación de comedones en las zonas más grasas. En la mayoría de los casos su origen se encuentra detrás del uso incorrecto de la cosmética diaria, que impide a la piel respirar correctamente a través de los poros.


Tipología cutánea según el fototipo 

El fototipo de una piel se corresponde con la cantidad de melanina que tiene, por lo tanto de la capacidad de reacción de nuestra piel a la radiación ultravioleta.

Se evalúa en una escala de seis niveles dependiendo de la sensibilidad de la persona a la exposición solar.

Tipo 1: suelen pertenecer a este grupo aquellas personas de tez blanca y pelirrojos, con ojos azules y presencia de pecas. No se broncean y sufren quemaduras frecuentemente tras la exposición solar.

Tipo 2: personas rubias con ojos azules o verdes. Pueden llegar a broncearse en ocasiones puntuales, pero se queman con facilidad.

Tipo 3: el tono de bronceado que adquieren cuando se exponen al sol es claro y si no se broncean se queman. Son  personas de piel clara pero tirando a morena. 

Tipo 4: son morenos de piel y si se ponen al sol adquieren un tono intenso. Habitualmente no se queman. Son personas que no tienen pecas.

Tipo 5: se broncean rápidamente con un tono muy intenso y nunca se queman. Tienen la piel y los ojos muy oscuros.

Tipo 6: pertenecen a este grupo las personas de raza negra. Frente a la exposición solar nunca se queman.

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